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sábado, 17 de junio de 2017

La realidad virtual se instala, también, entre pinos y eucaliptos

Seis madereros de la zona viajan a Suecia para conocer las últimas novedades tecnológicas del sector



Galicia es una potencia en la industria maderera si se toma como referencia España pero está todavía muy lejos de alcanzar el nivel de desarrollo de los países del norte de Europa. «Temos que mirar para os que van por diante de nós», según explicaba ayer Modesto Martínez. Con este espíritu, él y otros cinco empresarios de la zona norte de la provincia de Pontevedra decidieron cruzar fronteras y acudieron a la feria del sector forestal más importante del mundo, Elmia Wood 2017, que se celebró la semana pasada en Jönköping (Suecia). «É espectacular, non se parece en nada o que podes ver por aquí», indica rotundo Martínez.
La asistencia a ferias como las que se celebran en Santiago o la de este fin de semana en Asturias sirven para poner a los madereros al día sobre la maquinaria y la tecnología que pueden encontrar en el mercado. Pero lo visto en Suecia es otro mundo; dónde si no iban a encontrar una grúa que se puede manejar desde la cabina del camión gracias a un sistema de cámaras y unas gafas de realidad virtual. «Van vinte anos por diante de nós», abunda el empresario.
Con la motosierra
A los montes gallegos aún no llegó la realidad virtual pero en los últimos años se ha mejorado mucho en lo que se refiere a la eficiencia, comodidad y seguridad en la dura tarea de talar pinos y eucaliptos. La mecanización está cada vez más extendida pero la orografía del terreno y el minifundismo gallego son dos factores que condicionan mucho el trabajo y obligan a recurrir, todavía, a la motosierra y al trabajo manual.
La expedición gallega a Suecia está encantada con el viaje y no ha regresado de vacío ya que están valorando la posibilidad de adquirir maquinaria puntera que se utilizaría para las labores de corta y saca de madera, con el objetivo de ganar en productividad, disminuir costes y mejorar el medio ambiente, según explican estos empresarios asentados en Cambados, Meis, Barro y Portas. No es una compra cualquiera. Son máquinas caras que rondan los cien mil euros -alguna puede alcanzar el medio millón- para cuya compra existen ayudas de la Unión Europea.
Las madereras deben proveerse de grúas, tractores de carga y procesadoras para trabajar en el monte durante todo el año. Se trata de empresas de pequeño y medio tamaño, de entre seis y dieciocho trabajadores, que se mueven en un ámbito geográfico de unos doscientos kilómetros, según explicaba ayer Modesto Martínez.
Trabajan por encarga, a demanda de la Xunta de Galicia, las comunidades de montes y particulares, y sus principales compradores son los aserraderos, las celulosas y las fábricas de tablero que elaboran palés de embalar y encofrados.
Indirectamente, la crisis del ladrillo también salpicó a este sector. El parón en la construcción redujo la carga de trabajo y, a mayores, provocó una saturación del mercado dado que muchos constructores, ante la imposibilidad de levantar casas, emplearon sus máquinas y su personal para talar los montes.
Poco a poco, parece que las aguas vuelven a su cauce y los madereros miran a las tierras del norte en busca de inspiración. «Alí hai outra cultura do monte», indica Modesto Martínez.

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